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Director General Daniel Oppenheimer

Director General Daniel Oppenheimer

Ajdut Informa Nº705

RAV ISRAEL LIPKIN (Salanter)
Rav Israel tenía una aguda sensibilidad por las necesidades de las personas. Por lo tanto, aconsejó a sus alumnos que el mayor cuidado para hornear las matzot shmurot (una tarea que requiere mucha atención) es tratar con cuidado a las mujeres viudas y pobres que trabajan preparando la masa...

 

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Ajdut Informa Nº704

DESPUÉS DE LA TORMENTA (V)
El edicto que creó el Vaad facultaba a los judíos a elegir sus propios jueces y el rabino en jefe ejercía en su jurisdicción de conformidad a la ley judía. Si un judío desobedecía las decisiones de los líderes espirituales, se le daba un mes para arrepentirse, so pena de pérdida de sus bienes confiscados para el tesoro real. El Gran Rabino era responsable sólo ante el rey, pero no a otra autoridad o los tribunales.
El concejo funcionó hasta su disolución en 1664 por Stanislav Augusto, el último rey de Polonia.
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Educacion - compilados

LA TAREA MAS DELICADA

Educacion de nuestros hijos

 el Simjat Jaím (alegría de vivir). Simjat Jaím no es un “viva la pepa”, “da todo lo mismo”, “¡qué problema te hacés!”, etc. Quien logra proceder con alegría de vida reconoce plenamente los obstáculos y la gravedad de los impedimentos con los que se encuentra, pero advierte, al mismo tiempo, todos los factores favorables que le suceden (cosa que no hace mucha gente), principalmente el obsequio Di-vino de la vida en sí, sumado a tantas cosas más de las cuales perdemos conciencia de su presencia.

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Inicio por Perashiot Ekev DESPUÉS DE LA TORMENTA (I)
DESPUÉS DE LA TORMENTA (I) Imprimir E-mail

 Desde el momento en que Roma se convirtió al cristianismo (312), la comunidad judía en el imperio comenzó a sufrir las restricciones de emperadores cada vez más intolerantes. Se les prohibió el empleo de esclavos no judíos, lo que los dejaba fuera del mercado de trabajo, y no se les permitió erigir nuevas sinagogas. Sin embargo, no hubo en Italia expulsiones y matanzas en masa, aunque estuvieran restringidos en muchos aspectos.

Ajdut Informa Nº700

Los siglos XIV y XV implicaron grandes cambios para la mayoría de los judíos de Europa. Tanto los de Alemania, que habían venido sufriendo terribles persecuciones desde ya cuatro siglos, como para los de España, que terminaron siendo expulsados de su país (en el que habían estado habitando y al que habían contribuido durante nueve siglos), todos buscaron nuevos horizontes donde ser aceptados para poder asentarse.
Francia e Inglaterra ya no eran una opción fáctica para ellos, pues también de allí habían sido desterrados y aún no se los admitía.
Quienes sobrevivieron las peripecias de los viajes y lograron llegar vivos a buen puerto - cosa que no era tan obvia en aquellos tiempos en los que los judíos no tenían protección y abundaban asaltantes y piratas - se incorporaron a las comunidades ya existentes en los países en los que los judíos eran bienvenidos, o al menos, aceptados con restricciones.
Fue así que el mapa judío de la época se transformó (tal como tristemente volvería a suceder durante el siglo veinte).

Expulsión de Portugal

Cabe aclarar que inicialmente muchos de los judíos españoles intentaron refugiarse en la vecina Portugal, pero su intento demostró ser infructuoso al poco tiempo.
Manoel, rey de Portugal, pidió la mano de la hija de los reyes españoles, y la condición que se le exigió fue que también él expulse a los judíos de su territorio (salvo que eligieran convertirse al cristianismo, como se les había ofrecido en España).
Efectivamente, en diciembre de 1496 se promulgó el decreto de expulsión.
150.000 judíos se dispusieron a otro exilio, siendo la gran mayoría de ellos españoles llegados a Portugal apenas cuatro años antes. Pero la iglesia portuguesa no esperó a que ellos se fueran.
Tampoco Manoel quería prescindir del valor económico de los judíos, y optó por intentar convertirlos por la fuerza. Todo judío que quería abandonar Portugal, era engañosamente instado a hacerlo por el puerto de Lisboa, adonde se lo bautizaba contra su voluntad.
En abril de 1497, miles de niños judíos menores de catorce años también fueron arrancados de sus padres y bautizados por la fuerza. Otros miles de judíos fueron enviados contra su voluntad a las islas de Sto. Tomás en las costas de África y a otras colonias portuguesas. Muy pocos lograron salir de Portugal como judíos libres. Decenas de miles de personas desesperaron y se tornaron en conversos portugueses.
La iglesia consideraba estas conversiones válidas, aun si las víctimas se oponían a la ceremonia. Por lo tanto, si el individuo seguía manteniendo sus costumbres judías, se lo consideraba “hereje”, y como consecuencia, expuesto a caer en manos del “santo” tribunal de la inquisición.

En 1504 y 1506, estallaron pogromos contra los conversos en Portugal. La situación en el país era tan inestable que el rey Manoel permitió entonces a los conversos judíos que se marchen. Miles se fueron y, en sus nuevos hogares, volvieron abiertamente al judaísmo. El rey portugués también relajó la opresión de los conversos que permanecieron en su país, prometiéndoles liberarlos de las sospechas de “judaizantes” (mantener su judaísmo), lo que era riesgo de muerte.
En 1524, el gobierno y la inquisición comenzaron nuevamente el enjuiciamiento de los sospechosos de permanecer judíos. En muchos sentidos, la inquisición portuguesa fue aun más cruel y diabólica que la versión española. Enrique Núñez de Castilla, un judío apóstata, fue uno de los principales organizadores del terror portugués. Bajo su regencia no se les permitía a los conversos salir de Portugal y los que lo intentaban eran asesinados en el acto.

Aun así, casi doscientos años de inquisición no lograron aplastar la chispa judía en las familias de muchos conversos, y las grandes comunidades judías de Amsterdam y Hamburgo-Altona en los siglos XVII estaban constituidas, por lo general, por conversos que volvían abiertamente a la práctica judía. En Portugal, la Inquisición duró hasta 1821, y en España, recién se abolió en 1834.

Finalmente muchos se afincaron en Polonia, Holanda, Italia, Turquía, Eretz Israel y el Nuevo Mundo.

Un mundo en pleno cambio

Asimismo el mundo secular estaba atravesando grandes cambios, y también éstos afectaron a los judíos de las distintas latitudes. Muchos acontecimientos de aquel momento histórico, confluyeron para modificar el modo de vida de las personas.
En 1453, el imperio romano oriental cayó en manos de los turcos, y con su caída, la estratégica ciudad de Constantinopla se convirtió en un centro musulmán.
El descubrimiento de América, obviamente, abrió las puertas a nuevas aventuras y pujas políticas entre las naciones.

La imprenta

Asimismo, la aparición de la imprenta cambió la vida de la gente. Se atribuye el invento de la imprenta a Johannes Gutenberg. Éste apostó a que era capaz de hacer a la vez una copia de la Biblia en menos de la mitad del tiempo de lo que tardaba en copiarla el más rápido de todos los copistas. Pidió dinero a un prestamista judío, y comenzó su reto sin ser consciente de lo que su ingenio iba a representar para el futuro de toda la humanidad. En vez de usar las habituales tablillas de madera, confeccionó los primeros “tipos móviles”.
Gutenberg no calculó bien el tiempo que le llevaría poner en marcha su nuevo invento, y se quedó sin dinero. Volvió a solicitar crédito y formó una sociedad Peter Schöffer, quien terminó quedándose al frente de esa primera imprenta.

Nadie se beneficiaría tanto de esta nueva tecnología como los judíos, pues la prensa garantizó la oportunidad de acceder a los textos de la Torá entre los judíos dondequiera que estuviesen, incluso aquellos que vivían lejos de los grandes eruditos y los centros de aprendizaje. Las prensas se extendieron por toda Europa con gran rapidez, y la imprenta judía le seguía inmediatamente los pasos. El hambre por el conocimiento de la Torá, fue aplacado por los libros impresos.
Los libros serían atesorados y preservados, servirían como reliquias de familia y se considerarían como el valor social más elevado en el mundo judío. No hubo otro invento técnico que llegaría a ser tan útil para la supervivencia judía y el desarrollo de la Torá como la imprenta.


Las primeras imprentas judías se encontraban en Italia. Padua, Calabria, Nápoles Soncino ya tenían sus talleres en funcionamiento a finales del siglo XV. Huelga decir que esa competencia causó mucha disensión en el seno del mundo judío, como ya veremos.

Renacimiento

En el mundo secular, a esta época se la llama el “renacimiento”, pues - tras siglos de predominio de mentalidad dogmática - dejaba atrás la tradición artística gótica y retomaba elementos de la cultura clásica, reactivando el conocimiento y el progreso, y renovando las ciencias naturales y humanas perdidas en Europa durante la Edad Media.
El humanismo, revisó el teocentrismo medieval y lo sustituyó por cierto antropocentrismo, permitieron una nueva concepción del hombre y del mundo,
la descomposición del feudalismo, el asenso de la burguesía y la afirmación del capitalismo. Se acababa el oscurantismo religioso cristiano y la cultura podía estar al alcance de quien lo quisiera.

La reforma y Martín Lutero

La iglesia, que venía agitada por las peleas anteriores, ahora debía lidiar con el nuevo desafío: la reforma, cuyo protagonista principal fue Martín Lutero. Éste era un fraile católico agustino, teólogo, que luego también impactó luego en las demás tradiciones protestantes.
No solo influyó en los disidentes que le siguieron, sino que provocó que la propia iglesia regresara a las enseñanzas bíblicas: impulsó así la transformación del cristianismo con la “contrarreforma” (reacción de la iglesia católica).
Uno de los puntos de litigio eran las indulgencias, o sea: el modo de comprar el perdón (parcial o total) del castigo por los pecados.

Cualquier persona podía comprar una indulgencia, incluso para sus parientes. El dinero obtenido financiaba, entre otros proyectos, la edificación de la Basílica de San Pedro en Roma. Lutero vio este tráfico de indulgencias una mentira que confundía a la gente que de este modo eludía la confesión y el arrepentimiento verdadero. Por lo tanto, predicó sermones contra las indulgencias y clavó las tesis en la puerta de la iglesia para generar un debate público. Sus tesis condenaban la avaricia, el abuso y el paganismo dentro de la propia iglesia. El papa León X, pues, excomulgó a Lutero en 1521.

Inicialmente Lutero creyó, como otros antes y después de él, que los judíos lo apoyarían por el mero hecho de cuestionar los males de la iglesia tradicional y que responderían favorablemente si el mensaje evangélico se les presentaba de la forma adecuada, abrazando su versión del cristianismo. Cuando descubrió que no sería así, los atacó con terrible furia.

En su hoja “Von den Juden und ihren Lügen” (acerca de los judíos y sus mentiras), escribió que se deberían quemar las sinagogas, destruir sus libros de oración, prohibir predicar a los rabinos, “aplastar y destruir” sus casas, incautarse de sus propiedades, confiscar su dinero y obligar a esos “gusanos venenosos” a realizar trabajos forzados o expulsarlos “para siempre”. Así se constituyó claramente en precursor el holocausto y los nazis lo citaron para justificar la Solución Final…

Italia

Uno de los rumbos donde anclaron algunos de los refugiados de la época fue Italia. La comunidad judía italiana es una de las más antiguas de la diáspora.
Ya los gobernantes jashmonaim en la época del 2º Bet haMikdash tenían contacto con esta comunidad. Aquí y allá, esta comunidad se menciona en el Talmud. En los días de Julio César (siglo I a. C.) un gran número de judíos vivieron en Roma y una parte de la ciudad se llamó la “sección judía”.
Luego, muchos de los prisioneros tomados durante la destrucción del Bet haMikdash a manos del malvado emperador Tito, fueron vendidos como esclavos y llevados a Roma. Muchos estudiosos posteriores (en particular, Rav Natán, autor del Aruj) remontó su ascendencia a estas familias. Desde Roma, los judíos se desplegaron hacia el sur, fundando comunidades en las ciudades portuarias, como Nápoles y Pompeya.

Desde el momento en que Roma se convirtió al cristianismo (312), la comunidad judía en el imperio comenzó a sufrir las restricciones de emperadores cada vez más intolerantes. Se les prohibió el empleo de esclavos no judíos, lo que los dejaba fuera del mercado de trabajo, y no se les permitió erigir nuevas sinagogas. Sin embargo, no hubo en Italia expulsiones y matanzas en masa, aunque estuvieran restringidos en muchos aspectos.
Si bien no nos quedan muchas obras talmúdicas escritas, muchas de las composiciones litúrgicas (piutim), compuestas por sabios italianos se encuentran en el majzor ashkenazí.

A mediados del siglo noveno, el emperador bizantino, Basilio I promulgó un decreto para convertir a todos los judíos - o enfrentar la muerte. La crónica Meguilat Achimaatz, cuenta cómo la comunidad judía se salvó. Rav Shefatia viajó a Constantinopla para interceder con Basilio. Allí, se encontró con el cuadro de la hija del emperador terminalmente enferma, pero el sabio judío logró una cura milagrosa. Como recompensa pidió que el decreto se anule.
Sin embargo, medio siglo más tarde, otro emperador bizantino Lecapeno ordenó desterrar los judíos. La turba fanática dio por entendido que el cruel decreto permitía el asesinato y el pillaje. Las prestigiosas comunidades de Bari y Otranto fueron virtualmente erradicadas. Jisdai ibn Shaprut, el poderoso líder judío español, logró ejercer presión sobre el emperador, Constantino VII, para revocar su decreto, pero el daño ya estaba hecho.
Como resultado de un libelo de sangre en 1290, nuevamente se dio a los judíos del sur de Italia la opción lamentablemente tan conocida entre el bautismo o la muerte. La comunidad de Nápoles dejó de existir, y el sur perdió su papel predominante.

Incluso en la generación de Rash”i, habiendo ya muchos sabios franceses y alemanes se dirigían a la Ieshivá de Rav Iejiel y su hijo rav Natan en Roma en una cuestión de Halajá. La libertad relativa de los judíos italianos indujo a muchos de ellos a ocuparse también de los estudios seculares, y un número de ellos se convirtieron en médicos privados de los reyes italianos y los papas.
Asimismo, uno de los más primeros comentarios cabalísticos a la Torá fue escrita por un erudito italiano: el Rav Menajem Recanati. Las emigraciones posteriores de judíos de Alemania a Italia en el siglo XV establecieron una fuerte comunidad ashkenazí en Italia. Estos judíos alemanes formaron sus propias congregaciones en muchos lugares, por lo que se desarrolló la versión italiana del nusaj Ashkenaz.

Con el advenimiento de la era de los Ajaronim la comunidad judía de Italia se fue reforzando considerablemente en número, con la llegada de muchos judíos españoles, entre ellos el venerable Don Itzjak Abarbanel, convirtiendo a Italia en uno de los principales centros de la erudición en Torá de toda Europa. Estos Sefaradim se tornaron en la fuerza predominante en la Italia judía.
En aquella época, las islas de Sicilia y Cerdeña eran posesiones españolas, y más tarde, el ducado de Nápoles fue adquirido por la corona española, por lo que los judíos fueron expulsados también de allí. El foco de la vida judía se limitaba ahora al centro y norte de Italia.

Italia era por aquella época el centro de las grandes potencias financieras y comerciales del mundo. Venecia, Florencia, Milán, Génova, Pisa, Nápoles y Roma, todos rivalizaban entre sí por el poder y el dominio del mundo financiero. Su competencia no se limitaba al mercado, sino que incluso guerrearon crudamente entre ellas. Debido a esta intensa competencia, se desarrollaron nuevas tecnologías y campos de la erudición, a instancias de ser una superior a las demás.

Parte de esa original educación renacentista era un renovado interés por lo judío. La Biblia fue estudiada ahora por los cristianos en su original hebreo, las obras de Maimónides, Ibn Gabirol y Rav Iehudá Haleví pasaron a formar parte del nuevo panorama de estudios humanistas, como así también el misticismo y los secretos del Zohar y la Cábala. Grandes eruditos judíos fueron empleados por cristianos para que les enseñen hebreo, e incluso la Biblia, Mishná y el Talmud.

El espíritu renacentista invadió también el mundo judío de Italia. Los judíos eran activos en la traducción de las obras antiguas, en el campo de la investigación científica y la historia humana. El espíritu de escepticismo y el anticlericalismo, ahora también estuvo presente en el mundo judío con personajes extraños que aparecieron en la sociedad judía. Estos desestabilizaron a las comunidades, los valores judíos, y la autoridad rabínica, y las antiguas costumbres fueron desafiadas abiertamente.


Los judíos creyeron que el renacimiento los beneficiaría tanto política como socialmente. Pero esas esperanzas resultaron erradas. Los enemigos de la iglesia no fueron más amables - y muchas veces incluso más perniciosos - hacia los judíos que la propia iglesia. Los hebraístas cristianos amaban el hebreo - pero no a los judíos. Las nuevas libertades de expresión no cambiaron los antiguos prejuicios contra los judíos. De hecho, los banqueros, intermediarios, comerciantes y médicos judíos - que, durante siglos, habían ayudado a construir los imperios de Florencia, Venecia, Roma y Verona - fueron obligados a abandonar sus espacios por la creciente clase media cristiana. Finalmente, los judíos fueron expulsados de Perugia, Vicenza, Parma, Lucca, Milán, Toscana y Florencia, entre 1485 y 1489.


El guetto
Durante el siglo XVI, varios papas emitieron decretos antisemitas.
Pablo IV ordenó que todos los judíos, comenzando por Venecia, vivan en el ghetto restringiendo severamente sus actividades económicas; el único negocio que les permitió fue la venta de trapos.
La comunidad judía entera sería obligada a vivir en una sección de la ciudad encerrada herméticamente, conocida como el “guetto”. Esta norma innovadora de las principales comunidades renacentistas más progresistas de Europa, pronto se convirtió en ejemplo para toda la Europa cristiana. Los judíos fueron obligados a aceptar esta nueva disposición, y consideraron su aislamiento como fuente de orgullo y de protección de la baja moral que existía afuera. Sin embargo, la construcción de los muros a manos de la sociedad no-judía fue un presagio ominoso para el futuro de los judíos europeos.

El papa también ordenó quemar en la hoguera a 25 marranos que residían en Ancona. Pío V y Clemente VIII desterraron a los judíos de los Estados Pontificios a excepción de las ciudades de Roma y Ancona. Sin embargo, y a pesar del clima de opresión en que vivían, el judaísmo italiano floreció en los siglos XVI y XVII, tanto económica como espiritualmente.

Rav Itzjak Arama
Oriundo del norte de España, donde también dirigió una Ieshivá, hasta la expulsión de los judíos de España en 1492, la fama de Rav Itzjak es por su Akeidat Itzjak, un comentario de la Torá en forma de sermones que destacan un profundo y penetrante pensamiento filosófico. Tuvo una gran influencia en las obras de cosmovisión de la Torá de las generaciones siguientes, y de acuerdo a Jid”á prácticamente todas las obras posteriores bebieron de las enseñanzas del Baal haAkeidá.

Rav Shlomó Moljo
Criado como marrano, Rav Shlomó sirvió como secretario de la corte real en Lisboa, bajo el nombre de Diego Pérez. En 1525, el misterioso aventurero David HaReuveni llegó a Portugal y fue recibido en la corte real con cortesía diplomática. David decía ser el hermano de Iosef, rey de una tribu judía supuestamente guerrera que vivía en el “Oriente”, de la cual David sería su comandante.
David ofreció a los reyes de Europa un pacto por el que los asistiría en ayudarles “a arrebatar la Tierra Santa de los musulmanes”. David fue recibido cordialmente por el papa, y su propuesta fue considerada seriamente. Su aparición en Portugal inspiró a Diego Pérez, que decidió regresar por completo al judaísmo y se hizo circuncidar.
Temiendo el peligro como resultado de este acto, David HaReuveni le envió a Turquía. En Salónica, el Shlomó fue influenciado por Rav Yosef Taitatzak y Rav Iosef Caro, e incursionó profundamente en los misterios de la Cábala. Es increíble que Rav Shlomó en tan poco tiempo fuera capaz de dominar este aspecto de la Torá, tan así que la gente entusiasmada acudía a escuchar sus discursos.

Rav Shlomó posteriormente fue a Eretz Israel donde moró algún tiempo en Safed, y de ahí a Italia, predicando sobre la pronta redención y exhortando a las masas al arrepentimiento. Entre sus oyentes había miembros de alto rango del clero católico, que también fueron inspirados por sus fogosos sermones y vaticinios. Predijo con precisión la inundación de Roma (que sucedió luego en 1530) y un terremoto en Portugal (en 1531). Se le concedió incluso una audiencia con el Papa Clemente VII, que quedó muy apegado a él, otorgándole total seguridad en Roma. Sin embargo, se informó a la Inquisición que Rav Shlomó era un cristiano apóstata y no un judío, por lo que fue encarcelado de inmediato por la inquisición. A través de la intervención del propio papa, fue liberado en secreto y le dijo que huyera de Roma.
Rav Shlomó luego se presentó ante el emperador Carlos V, quien le concedió una audiencia - y luego emitió una orden para que él sea entregado a la inquisición en Mantua, donde le dieron la opción de aceptar la religión cristiana o enfrentar la muerte. Finalmente fue quemado en la hoguera.
Rav Iosef Caro lo recordó con gran afecto en su libro Maguid Meisharim.

Rav Ovadiá Sforno Rav Ovadia, además de ser un erudito en la Torá y autoridad halájica, fue también un médico y se educó en otros estudios seculares. Durante su residencia en Roma, donde estudió medicina y otras disciplinas, instruyó al erudito humanista Johann Reuchlin el idioma y la gramática del hebreo. Reuchlin es recordado en la historia judía por su firme y apasionada defensa del Talmud - con un gran costo para sí mismo - frente a las calumnias del apóstata Johann Pfefferkorn y sus seguidores entre las órdenes monásticas de Alemania.
Rav Ovadia vivió en Roma durante mucho tiempo y más tarde se estableció en Bolonia. Allí se mantenía mediante la práctica de su profesión, y al mismo tiempo que oficiaba como juez del Bet Din local. También estuvo activo en los asuntos comunales y fue instrumental en la apertura de una imprenta en Bolonia.

Rav Ovadia es muy popular y conocido por el comentario sobre la Torá que lleva su apellido - Sforno - que se distingue por su concisión, lucidez y adhesión al significado claro, junto con breves comentarios sobre las implicancias filosóficas y éticas del texto.
Una obra que se publicó en su vida Or Amim, responde a las cuestiones filosóficas planteadas contra la Torá por los estudiosos judíos y gentiles.

R
av Meir Katzenellenbogen (Mahara”m Padua)En su juventud, Rav Meir estudió con Rav Iacov Pollak, y más tarde viajó a Italia y estudió con Rav Iehudá Mintz. Rav Meir fue nombrado sucesor y se convirtió en el rabino de Padua, cargo que ocupó hasta su muerte.
Rav Meir mantuvo correspondencia halájica con Rav Ovadia Sforno, y con el Ram”á. Ambos: el Maharsha”l y el Ram”á consideraban a Rav Meir como uno de los más grandes eruditos de la época.

E
n su época, la introducción de la imprenta revolucionó la enseñanza judía. Si hasta aquel momento sólo había un número muy limitado de ejemplares por obra restringiendo severamente su circulación, desde ese momento se podían realizar miles de copias. Italia se convirtió en la “cuna de la tipografía judía”, y mantuvo por muchos siglos su posición de liderazgo en el campo de la impresión en hebreo.
Las primeras ediciones impresas del Talmud, Mishná, Mikraot Guedolot, Tur y Shulján Aruj se produjeron allí. Esta gran disponibilidad de obras de estudio convirtieron a Italia en un floreciente centro de estudios judaicos.

Rav Meir escribió glosas sobre el Ramba”m que se publicaron en la edición del Mishné Torá impresa en Venecia por Alosio Bragadini en 1550. En el mismo año un competidor - Marco Guistiniani - publicó otra edición del Ramba”m y consideró necesario imprimir en su edición una selección de las notas Mahara”m, pero añadiendo una nota que minimizaba la erudición del autor (sin mencionar su nombre).

Las consecuencias de este incidente trascendieron a la disputa monetaria entre las editoriales de los gentiles. Rav Meir obtuvo apoyo judicial rabínico que prohibía la compra de la nueva edición que competía. El Ram”á explicó que si bien era gentil, Guistiniani debía seguir la ley judía a este respecto, y que debía confinar la venta de su edición hasta después que Rav Meir había vendido todos los ejemplares de su edición. Finalmente, Ram”a pronunció una Jerem sobre la edición de Guistiniani, si las condiciones estipuladas en el veredicto rabínico no se cumplían.

Esta otra impresora, pues, tomó represalia denunciando la obra de Rav Meir al papa, alegando que contenía material ofensivo a la iglesia. El socio editor no-judío de Rav Meir también respondió del mismo modo, quejándose ante la iglesia sobre el contenido de la edición de su competidor.

En consecuencia, el papa Julius III dio cabida a todas las partes de la controversia, y el 12 de agosto de 1553, declaró que todas las ediciones del Talmud, Mishné Torá y otros libros judíos constituían una blasfemia. En Rosh HaShaná 1553, miles de libros judíos fueron quemados en el Campo dei Fiori en Roma. La orden se aplicó estrictamente, y el daño que causó al estudio de la Torá difícilmente se pueda imaginar.

La comunidad judía se sintió horrorizada ante la reimposición de esta barbarie medieval, y llegó a un acuerdo con la iglesia italiana.
Concertó, pues, una estricta disciplina de la autocensura en todos los libros judíos para asegurarse de que no contenían referencias desfavorables al cristianismo. Asimismo, los judíos se comprometieron a que ningún libro judío se imprimiría a menos que haya obtenido previamente una aprobación rabínica, que acreditara su valor académico y garantizara de que estaban libres de las críticas de la iglesia.

Rav Meir mismo fue uno de los signatarios de la Takaná (promulgación rabínica), firmada en Padua en el año 1554, que prohibía la publicación de cualquier obra sin la aprobación de reconocidas autoridades rabínicas. Esto condujo a la creación de la conocida costumbre, honrada en todo el mundo judío, de reunir haskamot (aprobaciones) de rabinos prominentes antes de la publicación de un libro de temas de Torá.

(
continuará)
Daniel Oppenheimer

 
 
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